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Duarte y Ochoa Reza: inútiles shows vs la corrupción

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Para algunos parece todo un misterio el hecho de que Javier Duarte, a sólo 48 días de concluir su “administración” como gobernador de Veracruz, haya pedido licencia a ese cargo. El gobierno federal, más específicamente Peña Nieto, bien pudieron haberle “sugerido”, o presionado, para dejar ese espacio, desde hace dos años, o al menos uno.

Esa medida, de haber sido oportuna, dado el nivel de desastre en inseguridad, corrupción y crisis económica en que Duarte ha revolcado al estado, incluso le podría haber significado al PRI un resultado menos desfavorable en las pasadas elecciones, en las que se erige como gobernador electo el panista Miguel Ángel Yunes.

No pocos se preguntan por qué se va justo ahora Duarte, por qué no antes. He escuchado a algunos veracruzanos decir en su momento que los apoyos que Duarte habría dado a Peña para que éste llegara a la Presidencia habían sido la razón de peso para que el veracruzano pudiera permanecer en el palacio de gobierno hasta ahora.

Por ello no suena lógico que Duarte, al cuarto para las doce del fin de su infame sexenio, se haya ido. Lo principal para el PRI habría siempre sido conservar una de las entidades con más peso electoral en todo el país, y la perdieron, aún cuando muchas voces priístas en Veracruz aconsejaron hace muchos meses a presidencia y a Gobernación quitar a Duarte para intentar no perder el estado a manos de una oposición creciente y empoderada ante las apocalípticas circunstancias estatales. Pero no estas sugerencias no fueron aceptadas por el centro.

Sin embargo, la clave del tema está en la llegada de Ochoa Reza a la dirigencia nacional del PRI, quien, como hemos escrito de forma reiterada, desde sus primeros momentos como dirigente de ese oxidado partido, hizo el nada fructífero esfuerzo -diríase que inició un auténtico despropósito, un lance contranatura- de querer competir con el PAN en la lucha contra la corrupción.

Que el PRI de Ochoa Reza quiera intentar legitimarse socialmente emulando al PAN de Ricardo Anaya, copiando su discurso, queriendo calcar su lucha histórica contra la corrupción, que el priísta quiera hacernos creer que existe una verdadera renovación en sus rojas filas, es muy claro que sólo es para la foto: es puro show.

No hay nada de fondo en estos destellos engañabobos, y si el ciudadano Ochoa Reza fuera en serio contra la corrupción, no quedaría piedra sobre piedra en su partidazo, hogar de corruptos desde siempre, cueva de alibabás, refugio de manoslargas descarados.

Y para refrescar las desmemorias de algunos, ponemos algunos ejemplos. Para empezar, el propio Ochoa se fue de la CFE con una liquidación mañosa que procuró sacar todo el jugo posible, hacer lo más redituable su salida, en un proceso administrativo que ha sido calificado por expertos como tramposo e irregular.

Hay gobernadores del PRI prófugos de la justicia, como lo son dos tamaulipecos, Tomás Yarrington y Eugenio Hernández, a quienes se relaciona con el crimen organizado. Eso es demasiado grave y ofensivo para las familias mexicanas, pero no es todo. El caso de los hermanos Moreira de Coahuila, íconos del endeudamiento y la corrupción, señalados en infinitas ocasiones por una larga lista de sospechas, retozan campantes por ahí, y hasta tienen planes para seguir gobernando la entidad con otros familiares, o incluso el ex gobernador lanzarse por la capital…

¿Qué hace ante esto Ochoa Reza, ese gran cruzado anticorrupción? ¿Y qué hace ante César Duarte y ante Roberto Borge? ¿Qué opina ante los usos electoreros de Luis Miranda en Edomex, entidad con elecciones en puerta y a donde un desfile de funcionarios federales ha llegado en las últimas semanas, “casualmente”? Y en donde se dan tarjetas con dinero y despensas, sin rubor…

Pero sobre todo, este presunto quijote de la anticorrupción, seguro tiene pensado hacer algo respecto del caso de la Casa Blanca, motivo de escándalo internacional que no podría dejar pasar por alto, en esa lucha que dice haber emprendido, pero a la que quién sabe por qué nadie concede un mínimo de confianza…

¿Buscará Ochoa que todos estos casos pidan también licencia en sus cargos públicos, desde el más mediano hasta el más encumbrado, y que todos también, siguiendo los pasos de Duarte, puedan aclarar tantos temas sospechosos de corrupción, o esto sólo se aplica de forma selectiva? A ver qué queda del PRI, donde no hay quien arroje la primera piedra. En tanto, es puro show.

Twitter: @raultortolero1