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La cuarta transformación es un viaje al pasado

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Por Raúl Tortolero

Como se dijo durante las campañas, el PAN y Morena podían coincidir en el diagnóstico sobre el estado crítico que vive México, causado por la corrupción, por la inseguridad y por los malos manejos de la economía. Las diferencias vienen, y en grande, cuando se empieza a hablar del camino para tratar de arreglar las cosas. La llamada “cuarta transformación”, en definitiva, no parece muy alentadora si atendemos a las muchas acciones que se han emprendido, aún desde un cierto limbo jurídico, porque no hay aún presidente electo oficialmente, por parte de López Obrador y su futuro gabinete.

El fondo que parece motivar al virtual presidente electo para construir su modelo de nación tiene que ver con un esquema que parecía rebasado hace muchas décadas. Se trata de uno en el que una nación es capaz de generar el abastecimiento de todos los productos que consume. Como si se tratara de una isla, cuya grandeza se basara en no tener que comprar nada a otros países, porque ha desarrollado su propia capacidad para generar todo tipo de productos.

En un mundo globalizado -ese que tanto molesta a los nostálgicos de las economías cerradas, los “haters” del liberalismo económico, los amantes del Estado todopoderoso que se mete en cada renglón de la vida pública y privada, el Gran Hermano-, aspirar a aislarse en lugar de a lograr un mayor intercambio, uno más provechoso, que a todos nos conviene, es un singular despropósito.

Las economías de bloques de naciones han demostrado su fuerza y utilidad en diversas zonas del mundo, y aquellos países que de una manera u otra han intentado dejar atrás el concierto que protegía sus economías –como Reino Unido con el Brexit– están hoy sufriendo por adelantado las consecuencias del aislamiento. La verdad de las cosas es que ninguna economía nacional en el mundo es “autosuficiente”. Ni siquiera la de Estados Unidos, profundamente vinculada a la de México, como uno de sus socios comerciales más enraizados.

Pero el mercado no es algo “maligno” en sí mismo, como pretenden quienes viven añorando un “papá-gobierno” que los proteja, que los subsidie, que los mantenga, y que intervenga en todo, incluso proponiendo una “constitución moral” que rija además los valores de los ciudadanos, como si no fueran capaces por sí mismos, de organizar sus creencias, sus principios, y el gobierno tuviera entonces que imponer un decálogo moral.

Un ejemplo del viaje al pasado que representa la “cuarta transformación” es el impulso que se quiere dar a las refinerías. Según datos de Forbes, dos nuevas refinerías nos costarían nada menos que seis mil millones de dólares a todos los mexicanos, con lo que según las mentes cercanas a Obrador, alcanzaríamos una cierta autosuficiencia energética.

Pero este plan enfrentaría demasiados obstáculos. Altísimos costos, licencias ambientales lentas, posibles aranceles norteamericanos en varios productos, y al menos 5 o 6 años para la construcción.

Posiblemente, según expertos en el ramo, Obrador no inauguraría nada, sino, acaso, lo haría la siguiente administración. Y todo esto, sin tomar en cuenta el impacto ambiental. No le están apostando a las energías limpias, como en las democracias más desarrolladas, sino a ideas francamente del pasado.

¿Por qué? Porque además, la idea que subyace en los proyectos de las refinerías es volver a una economía petrolizada, en donde el impulso al desarrollo está estrechamente vinculado con el petróleo, en lugar de buscar abonar acciones para que México desarrolle tecnologías y saberes, camino a una sociedad de la información, del conocimiento.

Siendo de lo más notorio el caso de la apuesta a la petrolización de la economía, no es el único ejemplo, aunque acaso sea el más grave, del regreso al pasado que parece México va a emprender ahora. La restauración del presidencialismo todopoderoso es, por supuesto, otro gran ejemplo que causa temores y desconciertos.

Seguramente, como aseguran los expertos en finanzas, Obrador y su equipo no van a intentar nacionalizar la banca, y esto imprime cierta paz en los mercados. El tipo de cambio ha bajado de estar a más de 20 pesos, a estar en 18, por ahora. Pero para junio de 2019, se calcula volverá a estar en 20 pesos o más, por diversas razones.

Si bien no nacionalizarían la banca, el presidencialismo omnipotente, en sí mismo, es un grave retraso al avance de la democracia en nuestro país. Se expresa a través, sobre todo, de una forma de gobernar autoritaria, que piensa que como tiene un partido ahora hegemónico, y mayoría en el Congreso, y en muchos estados, puede hacer lo que sea, “por el bien del pueblo”.

La merma en la libertad de expresión se puede palpar en que muchos medios parecen actuar con suma cautela, por miedo a represalias, económicas y políticas. Las hordas de cuentas en redes sociales, obviamente a sueldo, que atacan por centenas a cualquiera que se atreva siquiera a criticar alguna medida o decisión del virtual presidente electo, y que insultan, denigran, agreden y amenazan, son una realidad cotidiana en esta “cuarta transformación”.

Muchos peligros subyacen al ejercicio de un presidencialismo “todopoderoso”, en relación a la economía, y a la democracia y sus valores. Por eso la oposición debe permanecer unida y vigilante, porque no olvidemos que también fueron millones de personas las que con su voto eligieron una opción distinta a la de Morena. Y necesitamos un México de diálogo, de conciliación: no queremos un retorno al autoritarismo del PRI de los setentas.

@raultortolero1